Antonio Sánchez Zamarreño
miércoles, 28 de septiembre de 2011
ENTRADA
I
Mis ojos también crecen y se nutren de costumbres. De aquel temblor azul, apenas
dibujado de abedules. Cultivo la esperanza, pero el llanto me sube por la piel con toda
la insistencia de la fiebre.
II
Resbalan las montañas; Se deslizan, buscando alguna forma de descanso. Un árbol
crece en nuestros ojos lentamente. Y las pisadas blandas de los álamos decretan que los
sueños ya no son tierras agraces
IV
Experiencia del aire. Así moldea el rostro y lo perfila. Todos los caminantes alcanzan
este gesto, esta puntual figura de roca laminada. Repite la .piel esa ternura que puede l
legar a hacerse transparencia.
V
Tragedia y alarido. Un hacha vertical cruza los páramos. El llanto se detiene ante las tapias.
Incendio de la cal en los balcones. Lo dicen las campanas. Algunos años parecen
haber muerto de repente.